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En un intento que se presagia estéril por convencer a Naciones Unidas de que el Ejército israelí es capaz de investigar los presuntos crímenes de guerra cometidos por sus tropas durante la invasión de Gaza del año pasado, el Gobierno de Benjamín Netanyahu remitió el fin de semana un alegato a la ONU en el que precisa que militares hebreos dispararon fósforo blanco en zonas pobladas de la capital del territorio palestino. Es la primera vez que el Ejecutivo hebreo admite, aunque lo califique de error, el uso inadecuado de esa munición. El Gobierno también asegura que un general y un coronel han sido sometidos a acciones disciplinarias, algo que fue desmentido tajantemente por el Estado Mayor. Las gravísimas acusaciones vertidas en el informe redactado por el juez surafricano Richard Goldstone por crímenes de guerra -también contra Hamás por lanzar cohetes contra territorio israelí- pasan factura a la diplomacia hebrea; a relevantes líderes políticos, que eluden viajar a varios países europeos por temor a ser detenidos, y ahora también suscitan fricciones, nada usuales, entre el Ejecutivo y el Ejército. Es improbable que el informe entregado a la ONU pueda satisfacer las exigencias de la comisión encabezada por Goldstone, que demanda una investigación independiente para que el expediente no sea traspasado al Consejo de Seguridad y, eventualidad bastante remota, a la Corte Penal Internacional, con sede en La Haya. Aunque el Ejército ha abierto 36 investigaciones criminales, a <b>...</b> |
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