Morella




 



 




Situada en el extremo norte de la Comunidad Valenciana y a sólo 60 kilómetros de la costa, Morella aparece en los ojos del visitante envuelta del encanto que le transmiten la posición estratégica, que llena el paisaje, y las murallas centenarias coronadas por el robusto castillo a más de mil metros de altura. Sus dieciséis torres, seis portales y casi dos quilómetros de muralla configuran una silueta única, coronada por el imponente castillo. Declarada Conjunto Histórico-Artístico, con un excelente trabajo de rehabilitación municipal que ha sido reconocido por las ciudades Patrimonio de la Humanidad con el premio Patrimonio y que posee la declaración de la UNESCO en el abrigo rupestre de Morella la Vella, esta ciudad te seducirá también por su tradición, monumentos, gastronomía, folklore y su entorno.





Morella abre sus puertas, torres que han visto pasar la historia, que vieron como el Rey Jaume I entró en la ciudad comenzando la Reconquista. El castillo, que domina un océano de montañas, ha sido una las fortalezas más imponentes del Mediterráneo. El paso de numerosas civilizaciones, prehistóricas, Íberos, romanos, musulmanes, cristianos… han dejado su huella en esta impresionante construcción habitada ininterrumpidamente desde el III Milenio antes de Cristo. Cada piedra encierra historias, leyendas, alianzas y conflictos. Salones y Patio de Armas que han sido escenario de las batallas de El Cid Campeador, de contiendas como la Guerra de Sucesión, y eje de las guerras Carlistas. Estas piedras han sido testigo de los tiempos de Cátaros y Austrias. Desde la cumbre podrás volar por el cielo de Morella, cadenas montañosas se extienden ante ti y el descenso visual, panorámico, de las casas morellanas a los pies del castillo te parecerá un enjambre de tejados rojizos.



La iglesia arciprestal de Santa María la Mayor de Morella es Bien de interés cultural desde 1931. Construida en el siglo XIII, lo primero que nos llamó la atención fue que las dos puertas de acceso están en mismo lado, en un lateral de la misma. ¿Por qué? Porque la iglesia se apoya sobre la roca que sirve de base al castillo. Las dos puertas toman el nombre de sus esculturas: la de los Apóstoles –la más grande– y la de las Vírgenes –por la que se entra a la iglesia–. La tradición cuenta que son obra de un padre y un hijo que rivalizaron tratando de crear la más bonita. Nada más entrar en la iglesia, nos encontramos con un coro “flotante”. En plena nave central, como encajado entre las columnas, elevado y completamente plano. En el trascoro, la parte trasera, verás que falta un apóstol: lo robaron hace más de cincuenta años y nunca se ha localizado. Aunque no puedas subir al coro, echa un vistazo a la escalera. Recién restaurada, se pueden observar escenas de la vida de Jesús, decoración floral, animales mitológicos… Incluso, si te fijas, un león con cara de hombre que, según dicen, podría ser un autorretrato del artista. El altar barroco churrigueresco y el órgano, con más de 4.000 tubos, demuestran también la importancia de la ciudad de Morella.




Las ruinas del convento de San Francisco tienen un aire de abandono y de sufrimiento unido a uno de grandeza de tiempos pasados. Los bombardeos de las guerras carlistas son las responsable de su estado actual pero el esplendor de su arquitectura sigue, en parte, vivo. Más allá de la iglesia conventual y de los restos del claustro gótico, lo que más nos sorprendió fue la sala de profundis, donde se velaban los muertos del convento. Allí, en una de las paredes, todavía sobrevive el fresco de la danza de la muerte o danza macabra. Alrededor del muerto están representados todos los estamentos sociales, del rey a la prostituta, en una danza de la que también está escrita la música –se pueden ver las notas sobre un pentagrama–. Junto a la danza de la muerte, está también representado el árbol de la vida al que la muerte dispara con un arco. En la base del árbol, dos ratas, consideradas portadoras de enfermedades.



Descubre el fascinante universo de los dinosaurios y su historia en este museo, situado junto a la iglesia de Sant Miquel. Morella y Els Ports es tierra de estratos que se formaron entre el Jurásico Superior y el Cretácico Inferior, entre 146 y 98 millones de años. El agua cubría estos valles que han dejado abundantes y valiosos restos de fauna marina y algas calcáreas. En el Cretácico, en el término de Morella, la evolución origina la formación de arcillas, una característica que ha permitido la presencia de numerosos restos de dinosaurios. Desde hace décadas los paleontólogos han ido explorando y descubriendo estos tesoros, huesos de dinosaurios, destacando la especie más hallada y estudiada, el Iguanodon. En este museo podemos disfrutar con una reproducción a escala real de este imponente animal que habitó en estas tierras. Junto al Iguanodon, Morella posee mucha más riqueza paleontológica, desde terópodos carnívoros hasta enormes herbívoros, ornitópodos y acorazados. El Museo Temps de Dinosaures es un viaje al centro de la tierra, donde grandes y pequeños recorren el apasionante mundo de la geología y la paleontología a través de la colección de fósiles del Cretácico.




El casco antiguo de Morella está declarado Conjunto Histórico-Artístico. Para descubrirlo, lo más recomendable es dejarte perder por su casco urbano. Recorrer sus calles empedradas en las que ir descubriendo, a cada paso, increíbles rincones (una puerta de madera donde los artesanos han dejado sus huellas, floridos balcones que dan color a las piedras, ventanas cubiertas por cortinas de hilo, ganchillo y bordados…). Si lo prefieres, puedes realizar este recorrido básico por Morella: entrar a la ciudad cruzando la puerta de San Miguel, continuar por la calle Virgen del Pilar hasta llegar a la calle Blasco de Alagón -lugar emblemático más conocido como Los Porxes-, a la derecha tomar la calle Virgen de Vallivana que conduce a la Basílica, y de ahí subir al castillo por la calle Hospital. A lo largo de este paseo iremos descubriendo hermosos palacios y casas solariegas como la Casa Piquer (siglo XVI), la Casa del Consejo y los Estudios (XVI) , la Casa de la Cofradía de «Llauradors» (siglo XVII), la Casa Rovira (donde cuenta la tradición que San Vicente Ferrer obró el milagro de resucitar a un niño que su madre había ofrecido como sacrificio), el Palacio del Cardenal Ram (siglo XVI, hoy hotel), el del Marqués de Cruilles (siglo XVI), o el de los Ciurana de Quadres (siglo XIV). También pasaremos por la Casa de la Vila, el actual Ayuntamiento morellano, un edificio del siglo XIV que integra La Lonja, las salas góticas del Consell y de la Corte de Justicia. Puede visitarse, pues dentro suele haber exposiciones temporales.




Si hay algo que sorprende en Morella es su excelente gastronomía, una cocina tradicional de orígenes medievales que ha sido transmitida de generación en generación, utilizando siempre productos de la tierra, pero que al mismo tiempo ha sabido evolucionar para ofrecer platos dignos de la alta cocina. Los embutidos son el entrante por excelencia, al igual que los deliciosos quesos artesanos de oveja y cabra, y las croquetas morellanas (envueltas en una oblea de pan ácimo, dándoles una forma triangular). Las carnes son un elemento básico en la mesa morellana. Costillas de cabritillo rebozadas, cordero al horno, ternera a la piedra o guisada, patés caseros, guisos, aves escabechadas, o un buen solomillo a la leña. También es muy típica la carne de caza (jabalí, corzo, ciervo, gamo, conejo, liebre, perdiz…), que se cocina en escabeche, estofada, en guisos, o a la brasa, y se acompañan con setas de temporada (otra de las joyas de la gastronomía de Morella). Pero no puedes irte de Morella sin probar dos de los grandes protagonistas de la cocina morellana: la trufa negra, que en temporada acompaña una amplia variedad de recetas, y los deliciosos flaons, una pasta dulce rellena de requesón y almendras que es el rey de las pastelerías.


Fuente: https://www.lospueblosmasbonitosdeespana.org y https://lalaviajera.com



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